Blog de Maria Luisa Morales

LO FEMENINO Y LA VIDA INSTINTIVA


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Preliminar

María Luisa Herreros, discípula de Gregorio Marañón y compañera mía en aquellos tiempos postreros del Instituto de patología Médica –que desapareció al morir el ilustre endocrino-, me pide un prólogo para su libro sobre la sexualidad femenina, escrito en colaboración con la doctora María Luisa Morales.

¡Gran problema este de la femenina sexualidad, que en los últimos años ha sido abordado, tratando de explicarlo unas veces intuitiva, otras intelectualmente, por autores de gran talento, psicoanalistas o no, féminas y varones, escritores de buena cepa y aficionados! Nuestra época, en la que el erotismo parece liberado de viejas cárceles regresivas, no acaba de liberarse ella misma de la obsesión por lo erótico. A veces se tiene la impresión de que utiliza el erotismo como un lenguaje críptico en el que expresar sus profundas e inconfesables ansiedades. Algo así como aquello que expresó Gustavo Bally cuando dijo que el erotismo contemporáneo se parecía a la avidez con que las ratas criadas sin vitaminas por el experimentador devoran sus propios excrementos.

El aprendiz de psicoanalista o el analista en ciernes que hay, sin saberlo, dentro de muchos hombres contemporáneos debía pensar, siempre que del sexo y de la sexualidad se habla, si no hay tras todo ello un enmascaramiento de algo más profundo, que se viste con la retórica alarmante y escandalosa de lo sexual para no enfrentarse con carencias básicas fundamentales, y que se debate dentro de la “intelectualización” de lo erótico como quien se abre camino a machetazos en la espesura hostil de la selva primitiva.

Como podrá ver el lector, todo es lo saben muy bien las autoras de este libro, y en diversas ocasiones lo apuntan a lo largo de sus páginas. Puede disentirse –como le pasa al autor de estas líneas- de las tesis que ambas sustentan. Pero hemos de reconocer que su aportación con este libro a la ya rica bibliografía de mujeres que han escrito cosas muy inteligentes sobre la sexualidad ofrece gran interés. Máxime si se tiene presente que en las páginas que siguen hablan no por sus intuiciones personales, sino partiendo de una amplia y rica experiencia clínica.

En segundo lugar, la sinceridad y valentía con que expresan las conclusiones a que han llegado, mediante esta experiencia, es también muy de estimar. Pensemos que un libro como el presente hubiera sido considerado impublicable en España hace más de una docena de años; más en atención a las posibles reacciones del público que por otros motivos. En tercer término, el presente libro tiene un importante valor casuístico. Expresa las reacciones y los puntos de vista de dos mujeres inteligentes, dueñas de una técnica, ante la empresa de reducir un misterio a términos intelectuales. Como el mar que el teólogo quería encerrar en un vaso, es natural que el agua esté rebosando constantemente del recipiente en el que se la quiere encerrar. Pero el intento ahí queda, y nos enseña muchas cosas.

En el lector no preparado no dejará de producir internas movilizaciones afectivas, con todas sus consecuencias: reacciones unas veces sorprendidas, otras quizá iracundas, otras admirativas y en muchos casos de aquiescencia. Movilizar estos contenidos inconscientes con formulaciones precisas puede dar lugar, tras una primera confusión, al deseo de adquirir por sí mismo ideas sistematizadas que ordenen, según las coordenadas personales, el mundo harto complejo de lo sexual.

Es interesante, no ya en nuestra literatura psicológica, que hasta ahora elude casi siempre –con muy pocas excepciones-, pudibunda y gazmoña, estos temas, sino también en nuestra novelística, esta aportación briosa, desenfadada, franca, de dos médicos del sexo femenino que exponen sus ideas. Con las que, como antes dije, se puede estar o no conforme, pero que representan una ruptura digna de destacar dentro del formidable silencio de una de las primeras literaturas del mundo sobre sus recovecos eróticos.

Desde mis puntos de vista, –expuestos con amplitud en otros lugares- yo interpretaría en forma algo diferente a como lo hacen las autoras el masoquismo como fenómeno básico de la vida sexual, y remitiría éste a lo que en mis libros he denominado “la urdimbre constitutiva”. Pero no se trata de polemizar, sino de señalar al lector la originalidad e importancia del intento, sobre todo en nuestra patria. Por primera vez en la historia de la lengua castellana dos mujeres hablan abiertamente del sexo y de la sexualidad femenina, lo estudian en sus aspectos que podríamos llamar psicológicos y renuncian a esa cómoda disculpa de decir que se trata de cosas “inefables” y que los hombres no comprenden, tratando, por el contrario, de definirlo y desmenuzarlo en términos racionales, intelectualmente.

No dudo de que el libro escrito por las doctoras María Luisa Herreros y María Luisa Morales será acogido con gran interés, y también que suscitará fuertes polémicas. Libro vivo, escrito con pasión y con claridad, ha de remover sin duda las aguas un poco demasiado tranquilas de nuestra literatura sobre la sexualidad y sobre el erotismo.

JUAN ROF CARBALLO