Blog de Maria Luisa Morales

HOMENAJE A LA DOCTORA MARIA LUISA MORALES ZARAGOZA

Es difícil resumir la personalidad de María Luisa Morales. Mostró siempre su grandeza con una bondad e interés por todos los aspectos del ser humano y desarrolló su profesión médica enfocada a la salud en el sentido más amplio de la palabra, que implica una unidad indisoluble entre lo físico y lo mental. Su concepción del mundo partía de una actitud intelectual abierta y tolerante hacia las necesidades emocionales del individuo, sus alteraciones psicopatológicas, sus contenidos espirituales y sus capacidades creadoras. Su formación científica, su conocimiento de los fundadores del psicoanálisis y sus seguidores, su dominio de los autores clásicos, especialmente Cervantes, sus trabajos sobre el misticismo, especialmente Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y su estudio de las obras inmortales de la literatura universal, la convierten, sin duda, en una maestra. Escritora e investigadora incansable. Su preocupación por un rigor y una coherencia profesional la llevaron a crear y participar en diversas asociaciones y grupos de estudio en los que dejó su legado moral, que podríamos calificar de escuela. En su altruismo llegó a dar charlas sobre psicoterapia y psicoanálisis en prisiones. Amante del arte, apoyó siempre a las personas que producen lo que ella calificaba de " Rendimiento psíquico superior " esto es, obras en las que los artistas proyectan su elaboración de los materiales que subyacen en el inconsciente. Practicó diversas artes plásticas: pintura, acuarela y esmalte. Experimentaba con los materiales y creaba pequeñas esculturas con barro y alambres. Aprendió encuadernación y era coleccionista de sellos. Creó, con Doña Margarita Smerdou Altolaguirre, profesora de Filología de la Universidad Complutense, la editorial Caballo Griego para la Poesía. Era una mujer extraordinaria, con cualidades que se aproximan al ideal renacentista de extensa cultura y cualidades polifacéticas. Su vida y su obra contribuyeron a realizar una de sus principales aspiraciones: la comunicación y entendimiento entre las personas. Su vitalidad y generosidad fueron claro ejemplo de las bases que fundamentan una sociedad moderna, más libre, compleja y positiva. En resumen, aportó su energía para establecer un mundo mejor.

Ana María Culebras Sánchez.
Facultad de Psicología de Somosaguas,
Madrid, 2 Diciembre 2015

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PSICOTERAPIA Y SISTEMAS HUMANOS

Buenas tardes. En este homenaje a Marisa Morales es un honor participar en nombre de la Asociación Española de Psicoterapia y Sistemas Humanos, de la que formaba parte y era Miembro de Honor. Algunos miembros de esta Asociación también participamos en las reuniones de Espacio Analítico y en Seminarios impartidos por Marisa, lo señalo para mostrar que fueron muchos los momentos compartidos.

Mis palabras se centrarán en la presencia de Marisa en el espacio asociativo, al que ella daba mucha importancia.

La primera Asociación en la que participó Marisa fue en PSIQUE, desde su creación en 1975, posteriormente denominada Asociación para la Investigación y Aplicación de la Psicoterapia Psicoanalítica (1982), de orientación Junguiana, fundada por su maestra en psicoanálisis María Luisa Herreros, con la quien escribiría en 1973 el libro “Lo femenino y la Vida Instintiva”, prologado por Rof Carballo. En los 18 años de existencia de la Asociación, que se disolvería en 1994, Marisa ocupó los cargos de Secretaria y dos Vicepresidencias, e impartió como profesora clases en la Escuela de dicha Asociación sobre diferentes temas: “La Sociología”, “Teoría de Grupos”, “Ferenczi”, “Clínica Psicoanalítica”, “Los sueños”, “La Transferencia y Contratransferencia”, etc. Algunos de nosotros formamos parte de PSIQUE y seguimos sus clases.

En 1995 Marisa entra a formar parte de la Asociación Española de Psicoterapia y Sistemas Humanos (miembro de la FEAP), de orientación frommiana, de la que fueron fundadores en 1977 Pedro Guilló y Marie Dominique Girard, entre otros. Al ser una Sociedad en la que sus miembros pertenecían a diferentes provincias, los socios de Madrid nos fuimos consolidando como un grupo de trabajo horizontal, donde alternábamos la formación, el cuidado de la asociación y las relaciones de amistad.

En sus casi 20 años de participación en la Asociación, la presencia de Marisa fue a la vez discreta y de peso. Todos reconocíamos su gran profesionalidad y su vasta formación, mostraba un gran respeto por los pensamientos de los demás, una atenta escucha y una posición de aprendizaje continuo, siempre con su cuaderno y lapicero para tomar notas, y aportar sus conocimientos e ideas.

Nuestros encuentros mensuales acababan en una cena, que sobre todo era una celebración. Marisa nos transmitía, en animada charla, su saber en temas de lo más variado y, cómo no, nos incitaba a leer los libros que ella había disfrutado pues estaba convencida de la importancia de la literatura, la poesía, el conocimiento de los mitos, etc. para un mejor ejercicio de nuestra profesión. Era una buena tertuliana, que sabía trasmitirnos su jovialidad y capacidad de disfrute de la vida.

Si tuviera que resumir en una figura el lugar de Marisa en la Asociación, sería la de “testigo” que autentifica el relato de los otros con su propia presencia. Ser testigo no es solamente haber sido espectador de un evento sino llevar la marca de una trasmisión, de un estar afectado por eso que se transmite, “aquel que subsiste más allá”, que participa “como tercero” y “garante”. Esta función de testigo puede remitir, con mayor especificidad, a esa complicidad que los hermanos pueden tener entre sí, más allá de la interpretación edípica que les reduce a una situación de semejanza y rivalidad.

Como no podría ser de otra manera, al recibir el encargo de la Asociación de hablar sobre Marisa he rememorado mi recorrido personal con ella y entonces me acordé de un texto de Clarissa Pinkola, autora junguiana, cuyo título era “Mujeres que corren con los lobos”, que cuando lo leí pensé: esto tiene que ver con Marisa. Decía así:

“Naturaleza instintiva de la mujer significa establecer un territorio, encontrar el propio grupo, estar en el propio cuerpo con certeza y orgullo, cualesquiera que sean los dones y las limitaciones. Hablar y actuar en nombre propio, echar mano de las innatas facultades femeninas de la intuición y la percepción, recuperar los propios ciclos, descubrir qué lugar le corresponde a una, levantarse con dignidad y conservar la mayor conciencia posible. Saber escuchar y ser el corazón leal. Animar a todos a ser multilingües y hablar con fluidez los idiomas de los sueños, la pasión y la poesía”. Muchas gracias. Natividad Briones,
Vicepresidenta de la Asociación Española de Psicoterapia y Sistemas Humanos
Madrid, 2 de diciembre de 2015.

María Luisa: Semblanza no oficial

Al llegar a la Facultad de Psicología, todavía me parece ver llegar a María Luisa, con su bolso abierto, su poncho de colores, sus ojillos risueños, dispuesta a sacarle lo mejor al día.Me gustaría hacer un retrato impresionista: unos cuantos trazos sueltos para dibujar su Semblanza No Oficial, tratando de captar la luz que ella tenía. Marisa, a quien tanto le gustaba acercarse al lienzo para observar de cerca la capa de pintura.
Recuerdo una ocasión en la que unos cuantos de sus discípulos (porque Marisa tenía discípulos) fuimos a visitar una exposición suya en un pueblecito inmerso en el Parque Natural del Cañón del río Lobos, donde acampamos; impresionante. Confieso que mi recuerdo me lleva más a aquel paraje espléndido y salvaje y al magnífico ciervo que se nos presentó sin anunciarse, que a la obra allí contemplada (esmaltes, creo recordar).
A Marisa la conocí a través de unos cartelitos misteriosos que a lo Herman Hesse aparecían en la facultad a primeros de curso convocando estudiantes a la formación de unos grupos de monitores en Dinámica de Grupos que funcionaban bajo su auspicio. Aunque a decir verdad, para formar parte de aquel grupo de trabajo selecto había que ser admitido. Yo no sé cómo pasé el corte y empecé a trabajar con entusiasmo. No exagero si digo que Marisa era de esas personas que cambian tu vida para siempre. Quizá porque se las arreglan para llegar en el momento justo. En aquellas sesiones de trabajo sobre Dinámica de Grupos, era muy importante el propio grupo. Y vaya grupos se constelaban en torno a ella; algunos de sus miembros, que siempre consideraré mis amigos, están aquí ahora. Marisa nos formaba, o ese era el título, como Monitores de Grupo, que era una práctica no tan frecuente en aquellos días; nos dotaba de las herramientas teóricas fundamentales y nos tutelaba en el rodaje de nuestras primeras sesiones al frente de nuevos grupos terapéuticos. Grabábamos las sesiones en cintas o video-tape y las transcribíamos para supervisarlas luego y poder reflexionar sobre lo que había sucedido. Hay que reconocer que siendo como era una humanista de enorme bagaje clásico, Marisa estaba a la última. Luego Marisa fue mi analista, claro. Ella se adaptaba a nuestras necesidades con generosidad mitad militante, mitad religiosa. Fueron años de trabajo minucioso, dos veces por semana, desmenuzando sueños, recuerdos, lecturas, experiencias. Impresionante. Marisa podía con todo. No era lo que Marisa decía o hacía (nunca tomaba notas en la sesión; en cambio, amasaba barro sentada a la cabecera del diván). Lo importante era el espacio que sabía crear alrededor con su manera de no hacer nada y escuchar atentamente, amasando y haciendo hueco con las manos. La intuición de Marisa era infalible con los sueños. Recuerdo sobre todo con mucha claridad sus intervenciones en algunos cuya comprensión resultó crucial entonces y en otros que se han revelado esenciales ahora. Y el misterio de Marisa, un misterio en el que no se entraba: nunca agradeceremos bastante a un buen maestro ese saber guardar celosamente su secreto. De la Marisa oficial puedo decir muy poco: hago recuento: Le debía gustar la sopa de ajo, porque muchas veces flotaba su aroma en la casa; fumaba con delectación, incluso puros; le encantaban los libros, que eran su medio natural. Conducía con desparpajo. Tenía los tobillos anchos; la piel blanca, finísima; los ojos azules, transparentes, el cabello negro y liso; muy fino: tenía una madre muy próxima y una hermana menor. Tenía, si no recuerdo mal, una boina roja. Se adivinaba que había adorado a su padre, aunque de eso no puedo decir nada; le encantaba la enseñanza pero sobre todo estar en contacto con la magia del saber, quizá por sus orígenes judíos que también son, lo reconozco, un supuesto relativo a su nombre de cosecha propia. Y había sido de izquierdas, claro, contestataria, libre en todo; libre incluso en su modo de ser o no tributaria de sus ideas. Así, por ejemplo, no enseñaba como todo el mundo; qué va; dejaba que las lecciones las prepararan otros; a ella lo que le gustaba era escuchar, y dejar flotando en el espacio algunas preguntas esenciales, que iban siempre con ella. Cuando yo la conocí tendría cuarenta y tantos; era soltera; conocía a Freud de primera mano como nadie; nos hacía leer a Bion para saber de grupos pequeños y a Melanie Klein, a quien entendía admirablemente, para indagar en la locura; nos transmitió también la riqueza del universo simbólico junguiano para ampliar los contornos del psiquismo. Y por encima de todo eso (o por debajo) su gran sensibilidad, su creatividad y su experiencia clínica. Su maestra había sido María Luisa Herreros, con quien había escrito un libro bastante notable sobre el psiquismo femenino. Pero donde Marisa era verdaderamente imbatible era en el diálogo enhebrado en conversación amigable. Con lenguaje cuidadoso y claro, sabía transmitir el ambiente que había rodeado su encuentro con los autores capitales para ella, vale decir San Juan de la Cruz, Santa Teresa o Cervantes. Ahí su lenguaje parecía mimetizarse con el de aquellos autores tan amados que se diría que conectaba hasta con sus más íntimas metáforas e imágenes interiores. Todo aquello resultaba raro, asombroso; tan poco escolástico como auténticamente universitario. De aquella fuente era imposible dejar de beber. Yo me quedé a su lado más de 20 años, hasta que se jubiló en aquel mismo departamento dedicado al lenguaje al que su relación con José Luis Pinillos la había llevado. A partir de aquellas intuiciones vividas junto a ella sobre el poder de la función simbólica y el valor de la metáfora elaborada, si había la fortuna, en los grupos de trabajo, decidí dedicarme a investigar lo que ocurre cuando falta, por ejemplo, en la psicosis y al poder misterioso del símbolo. Marisa sabía transmitir, con su modus operandi: su inclinación por el diálogo, su escaso interés en afirmar lo que sabía o convencer a nadie de nada, su búsqueda permanente de la esencia genuina, el saber de un alquimista que partiendo del mercurio de los filósofos, de lo más sencillo o básico, podía hacerlo transformar en oro líquido, luminoso como la conciencia una vez atravesado el alambique del lenguaje. Y funcionaba, claro; eso curaba. Algo muy sutil, como un cierto saber de la dimensión energética, nos era transmitido con su sola presencia, su manera libre de existir, su respeto grande a la vida y su forma de acometer el trabajo intelectual. Qué alegre era el mundo, que misterioso, cuando andaba por allí Marisa. Y también, qué luminosa la existencia que nos proporcionaba, en el tiempo preciso, un auténtico maestro.
Cito algunas de sus Frases célebres:
Cuando había que enfrentarse a los problemas:
-lo mejor que podemos hacer es trabajar, trabajar y trabajar.
Cuando no valorábamos bien el valor de las cosas:
-El mundo está lleno de peces, pero hay muy pocas lubinas.
Un libro de iniciación al Inconsciente:
-Las Mil y una noches
Una recomendación:
-Atender con prioridad a las personas que cuidan de personas
Otra recomendación para vivir en tiempos de crisis:
-Si es posible, siempre es muy recomendable vivir de acuerdo con la ley.
La ensalada:
-Salada, poco vinagre, bien aceitada; y con un poquillo de agua de lavarla en el fondo. Para terminar, y en su memoria, propondría un brindis con un buen cóctel de Chicote, si puede ser… Amaya Ortiz de Zárate
Somosaguas, 2 de diciembre 2015

HOMENAJE A MARIA LUISA MORALES

De los que se han ido.

“Los cuerpos se han disuelto en el aire, como se pierde en el aire la respiración.”

¡Ojalá se hubieran quedado! W. SHAKESPEARE. MACBETH

Cuando se me ofreció hablar en el homenaje de MARIA LUISA MORALES pensé cómo podría en pocas palabras decir que había sido ella para mi, y se me ocurrieron dos: Espejo y Cincel.
Creo que son muy claros estos objetos y sus símbolos para nosotros que trabajamos y contamos con un mundo de identificaciones, reflejos y esculturas de carne y alma únicas e irrepetibles.
El otro día, repasando el “ Estadio del espejo “ de LACAN , encontré dos ejemplos que hablan de especularidad y me dieron pié a desarrollar estos conceptos.
El primero de ellos es el que reconoce que la maduración de la gónada de la paloma tiene por condición necesaria la vista de un congénere, sin que importe su sexo , y tan suficiente que su efecto se obtiene poniendo solamente al alcance del individuo, el campo de reflexión de un espejo.
De igual manera, el paso en la estirpe del grillo peregrino, de la forma solitaria a la forma gregaria, se obtiene exponiendo al individuo, en cierto estadio a la acción exclusivamente visual de una imagen similar con tal de que esté animada de movimiento de un estilo suficientemente cercano al de los que son propios de su especie.
Estos hechos que se inscriben en un orden de identificación homeomórfica que quedarían envueltos en la cuestión del sentido de la belleza (en la imagen) como formativa y erógena.
¿Os dais cuenta de la emoción ingenua, por otra parte, cuando decidí: yo quiero dedicarme a lo mismo? Admiración, entusiasmo y osadía.
Para este objetivo yo, que era una mamá tradicional de esa época, sin estudios superiores, empecé, a pocos años de mi análisis, el bachillerato, siguió la Universidad y luego de tres años de trabajo en un hospital de día infantil, abrí mi consulta privada con dos compañeros.
Empecé con niños, creía erróneamente que como madre tenía hechas las prácticas , ¡gran error!, sabía algo de crianza y no se me había dado mal. Salud e intuición fueron las bases, pero lo que me valió posteriormente del encuentro infantil-terapéutico, fue el conocimiento crudo del ser humano, su globalidad y su gradual maduración.
Marisa me acompañó en este viaje.
Margarita, cómo esa escultura que sale del bloque de piedra , o del barro que nos constituye, en términos freudianos “ a porre “ o “per levare”, añadiendo o creando vanos en la piel y en el alma.
Recuerdo mi cuerpo en el diván y su escucha trabajando con las manos un trozo de barro o, con hilillos de metal y una tenacita creando formas en el espacio. Al cabo del tiempo, un regalo, un cenicero de barro blanco con grafismos en gris, muy arcaicos, casi de Vaso Campaniforme, que al llevarlo a mi estudio, llené de pequeños fósiles que fui regalando a mi vez. ¡Qué trayecto! .Al tiempo un gato empujaba la puerta y se tumbaba a mis pies como en la escultura del Doncel renacentista.
¡Es el inconsciente que nos acompaña! - dijo.
Otra parte de nuestro vínculo tuvo lugar en dos seminarios inolvidables. El uno sobre el Castillo interior de Teresa de Jesús y su visión del proceso de individuación en círculo, más bien en espiral. Metamorfosis que va del gusano a la palomica, mariposa, alma en vuelo trascendente. Otro el amor como es: Divino y humano en el Cántico Espiritual, que de Salomón viaja y pone en palabras de poesía castellana y universal San Juan de la Cruz.
En este análisis interminable, María Luisa nos brindó la posibilidad, después de muchos avatares de formar un grupo de estudio en el que venimos trabajando desde hace años. ESPACIO lo llamamos y que con su impulso y participación hasta el último aliento de su vida, laboramos y seguiremos haciéndolo con ese aire individual y colectivo que hemos compartido con ella, por su SOPLO que nos conformó.


Gracias, MARISA.
Margarita Sastre Sánchez-Villalba,
Diciembre de 2015